Cierto. Ciertísimo es que las motivaciones vitales, es decir, las que inspiran e impulsan la vida misma, se expanden y contraen constantemente como latidos u ondulaciones que unas veces se niegan a si mismas como otras veces se sobre-dimensionan fucionando como mismo lo hacen lo mecanismos biológico y físicos del corazón.
Por momentos busca suicidarse como por otros momentos procura eternizarse. Sobresalen instantes como el de las luces encendidas de la reproducción, así mismo se presentan los momentos depresivos de las advertencias sobre el inevitable fallo de la función biológica.
El filósofo religioso, ganador neto sobre las apuestas biologicas que nos garantizan la sobrevivencia sobre la eternidad, a veces tiende a sufrir decepciones catastróficas, compelido y acosado contra la inmensa pared de la razón materialista, limitada por las incertidumbres congruentes con el desconocimiento material que hasta este momento sigue afectando a la red tisular de nuestra biología, es decir, nuestra materialidad.
La idea de magnificación imaginada en las fantasías filosóficas megalomísticas, bien nos puden convencer de la posibilidad material del diseño, -razoblemente pasible de ser proyectado-, de una virtuosa inteligencia, capaz de concentrar tanto su pensamiento inteligente, que llegara a prescindir de la necesidad de una estructura materialmente tangible, cuasi-espiritual. Los filósofos " son capaces de cualquier cosa ", bien expresaría un popular dicho muy propio de la filosofía popular de los dominicanos.
Si Friederick Nieztsche fue tan capaz de proclamar la muerte de Dios, por los cuatro costados del decir filosófico moderno más encumbrado de la cultura occidental, todo puede ser, todo puede ocurrir. Si aun fuera de lugar explicarlo mejor, con palabras, post contemporáneas al más afinado decir tecnológico, valdrá recurrir para conceder los créditos al las llamadas Leyes de Murphy ( Edwuard A. Murphy Jr., Premio Nóbel Póstumo, en Ingeniería) que expresan con suma simpleza: "Si puede ocurrir, ocurrirá". Por mi parte, lo impensable, lo que no puede ocurrir, fue lo pretendido por Nietzsche y ya hemos leído tantas veces que, pudo, al menos, pretender que fuera.
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