En ellos se remansa la conciencia científica, como piedra de asiento del absolutismo material.
Las afirmaciones sembradas en la base espiritual de lo establecido como verdad, paradigma o principio axiomático, no merece más atención que la de la bendición divina.
Sin embargo, cierto, ciertísimo es, toda observación científica, como concepción meritoria de la verdad. demanda la constante revisión de cualquier afirmación, aun cuán matemática resulten ser sus imposturas dimensionales,
Los afinamientos que dieron origen a lecciones lógicas como las de el álgebra de los números imaginarios, no puede evitarse el marco de subjetividad implicado en conceptos como los de "límite", "infinito", "certeza", "exactitud", etc...los cuales imponen y arrastran los inevitables riesgos de paradigmas, muchas veces tan densos ante nuestros propios y viejos conceptos, que hasta nos resulta increíble pensar que alguna vez fueran pensados de modo distinto.
Así resulta que intrínsecamente, conceptos como los de "espiritualidad", "metafísica", vida", "muerte", "existencia", "sentimientos", "futuro", "inmaterialidad", etc.., de pronto pueden pasar a resultarnos de capciosos o insensatos, a tan reales como lo divino, lo inmaterial, lo ilógico, lo insustancial.
De uno a otro paso cualquier salto nos comunica con lo trivial, lo vano, lo tonto, o, simplemente la religiosidad que nos confía esa sensación de veneración, respeto y admiración sobre lo desconocido.
La "fe " que así se pone en los axiomas materiales, matemáticos, lógicos, simplemente pueden llegar a ser tan insustanciales como los más densos principios de las propiedades materiales. Así, simplemente, puede pensarse que es desconocida toda la composición Universal.
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