Los filósofos mejor entusiasmados y profanadores con respecto al fenómeno evolucionista, tienden negarse ir más allá de la existencia misma de Dios, como límite de la razón. Cierto, ciertísimo es que, al parecer común, no luce muy cómodo tratar de saltar o transgredir las fronteras de la insondable infinitud del pensamiento, de la imaginación humana, donde al parecer no ha permitido Dios que mortal alguno ose acercarse. La evolución biológica sustenta la fase material en la que descansa la cultura o cultivo de nuestras existencias ideales. La biología, como hecho material-espiritual, limita sus pretensiones filosóficas, físicas y metafísicas, al umbral de Lo Divino. Este umbral de Lo Divino cubre el límite del diseño de la razón humana.
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