Habrás escuchado o leído sobre las características puntuales y ondulatorias del siempre elusivo y sospechoso electrón, ente que hasta hoy parece significar la más elemental expresión material del universo conocido e imaginado por la conciencia organizada en forma de memoria que da lugar al pensamiento en todas sus extensiones, son el resultado de la permanencia temporal de equilibrios fisicoquímicos dinámicos, expresados a partir de frecuencias que siguen sistemas geométricos ondulatorios en longitudes curvilíneas y transversas a la vez. Siendo este sistema material desde donde parte toda la organización de la materia misma, en consecuencia, dada su doble moral, indefinido entre una y otra virtud complementadas y suplantadas entre si al mero antojo original de quien sabe sino Dios, sus lances y paseos generan unos reflejos rompe-sesos denominados ondas gravitacionales cuyos efectos expandidos por todo el universo imaginable -y hasta el inimaginable-, provocan toda suerte de propiedades en el conjunto material, siguiendo siempre los indefinidos antojos y caprichos que generan existencias tan poderosas como los cúmulos siderales regidos idefectiblemente para seguir la infalibilidad de las precisiones solo dominadas por las ondulaciones en las que se finge el electrón. Consecuencia de todo estos hechos, descritos en los manuales que para alfabetización de adultos fueron hallados bien preservados en la caverna en la que Sancho tenía a bien protegerlos esperando el tiempo en el que pudiera dedicarse a solo estudiar los mismos, son las propiedades biológicas que caracterizan el ordenamiento material que se expresa en forma de seres vivos, los que siguen, al igual que las dinámicas de las memorias, esas leyes que rigen los equilibrios siempre capaces de expresarse como sistemas materiales con espíritus inmateriales, que, sin embargo, siempre siguen sometidos a las sospechas de la incertidumbre material más allá de los decires de los viejos muchachos de Copenhagen. Insospechadas razones que habrán de concluir junto al infinito del conjunto pensamiento, me compelen a iniciar por esta introducción la apertura de ojal por el que me propongo, -si no me lo prohibieran desdeñosas piedras bajadas de otros entornos siderales-, dibujar los colores fantásticos de un poema soñado verso a verso entre explosiones de liras materiales y ondulaciones divinas.
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