La esencia material de nuestro vitalismo biológico está fundado en las propiedades primarias de la composición de la materia. Hasta donde los últimos hallazgos materiales y teóricos alcanzados por los cabeza calientes que se dedican al escudriñamiento más profundo de asuntos tan desmenuzado como los recurridos al tratar de disecar las profundidades del núcleo atómico, que es, -hasta donde alcanzo a sospechar como vano diletante-, donde se asienta el numen divino de la existencia universal, todo lo que de allí coalesce y destila, viene a ser expresado como energía sobre contenida en forma de materia.
Tras estas divagaciones cuasireligiosas, díficiles de verificar o probar, solo me queda pensar que la magia de los números es el único instrumental al que al hombre se le ha permitido hasta hoy, para relacionar esa propiedad con el contenido universal. Todo fenómeno ocurrido como parte del eterno dinamismo cósmico, deviene en ser consecuencia de los contenidos nucleares condensados en el Divino núcleo atómico, es decir todo ese vitalismo biológico que rige nuestras distintas formas contenidas en la biosfera terrestre, (...sabrá Dios en cuantas otras más esferas universales !), parte de ese conjunto nuclear atómico.
De ese afán por escudriñar los intringulis de la materia resultan ser numerosos los casos de hombres y mujeres que como consecuencia de sus limites humanos en torno a la inteligencia capaz de ejecutar todas las aclaraciones y explicaciones relacionados con sus hallazgos pasan filosofar con la densidad propia de su formación escrutadora, medidora y calculadora. Ernesto Sábato, Ylia Prigoyin, Stephen Hawkings, Albert Einstein, Werner Heinsenberg, así como los antiguos investigadores griegos más afamados que fueron los primeros filósofos incursionaron o estuvieron muy dedicados a las práctica físicas y químicas de la época.
Pero el difuso e incompleto conocimiento de la materia misma es el que rige la materialidad biológica de la vida, por cuanto cualquier medición implicada en la interpretación del origen mismo de los seres vivos y su comportamiento material, dado su origen mal conocido, resulta muy difícil de corroborar bajo los parámetros de las duras reglas de la ciencia positivista.
Ninguno de aquellos o de estos filósofos mejor dotados logró hasta hoy satisfacer las dudas esenciales de la filosofía. Es material el pensamiento mismo o es el pensamiento mismo el que concibe la materia ? Todavía quedan dudas ontológicas sobre nuestra existencia misma ?
Tras estas sublimes y vaporosas dudas, sin embargo, surgen unas pregutas mucho mejor aterrizadas, capaces de hallar respuestas en seres menos encumbrados que los famosos filósofos que han alcanzado esos estadios de esos conocimientos celestes. Por ejemplo, al referirnos a entidades consideradas en la comunidad científica como moléculas o arreglos moleculares complejos, pero inertes, como las enzimas artificiales, pasibles de ser sintetizadas, bajo las aplicaciones de la ingeniería genética.
Pudiéramos inferir que es posible conferirle algún vitalismo artificial a moléculas desarrolladas integramente a partir de sus elementales átomos ?
Si acaso así ocurriese, habríamos de quedar en la posición de especular mucho en torno a la posibilidad de que a partir del poder de replicación y otros mandos propios de las capacidades de las moléculas enzimáticas, Alcanzaríamos a sintetizar una célula ?
Creo que con poder manipular células mediante enzimas y otros procesos similares es suficiente. Pensar en la sintesis de células me asusta mucho. Ello debe limitarse a las facultades divinas.
Tras estas divagaciones cuasireligiosas, díficiles de verificar o probar, solo me queda pensar que la magia de los números es el único instrumental al que al hombre se le ha permitido hasta hoy, para relacionar esa propiedad con el contenido universal. Todo fenómeno ocurrido como parte del eterno dinamismo cósmico, deviene en ser consecuencia de los contenidos nucleares condensados en el Divino núcleo atómico, es decir todo ese vitalismo biológico que rige nuestras distintas formas contenidas en la biosfera terrestre, (...sabrá Dios en cuantas otras más esferas universales !), parte de ese conjunto nuclear atómico.
De ese afán por escudriñar los intringulis de la materia resultan ser numerosos los casos de hombres y mujeres que como consecuencia de sus limites humanos en torno a la inteligencia capaz de ejecutar todas las aclaraciones y explicaciones relacionados con sus hallazgos pasan filosofar con la densidad propia de su formación escrutadora, medidora y calculadora. Ernesto Sábato, Ylia Prigoyin, Stephen Hawkings, Albert Einstein, Werner Heinsenberg, así como los antiguos investigadores griegos más afamados que fueron los primeros filósofos incursionaron o estuvieron muy dedicados a las práctica físicas y químicas de la época.
Pero el difuso e incompleto conocimiento de la materia misma es el que rige la materialidad biológica de la vida, por cuanto cualquier medición implicada en la interpretación del origen mismo de los seres vivos y su comportamiento material, dado su origen mal conocido, resulta muy difícil de corroborar bajo los parámetros de las duras reglas de la ciencia positivista.
Ninguno de aquellos o de estos filósofos mejor dotados logró hasta hoy satisfacer las dudas esenciales de la filosofía. Es material el pensamiento mismo o es el pensamiento mismo el que concibe la materia ? Todavía quedan dudas ontológicas sobre nuestra existencia misma ?
Tras estas sublimes y vaporosas dudas, sin embargo, surgen unas pregutas mucho mejor aterrizadas, capaces de hallar respuestas en seres menos encumbrados que los famosos filósofos que han alcanzado esos estadios de esos conocimientos celestes. Por ejemplo, al referirnos a entidades consideradas en la comunidad científica como moléculas o arreglos moleculares complejos, pero inertes, como las enzimas artificiales, pasibles de ser sintetizadas, bajo las aplicaciones de la ingeniería genética.
Pudiéramos inferir que es posible conferirle algún vitalismo artificial a moléculas desarrolladas integramente a partir de sus elementales átomos ?
Si acaso así ocurriese, habríamos de quedar en la posición de especular mucho en torno a la posibilidad de que a partir del poder de replicación y otros mandos propios de las capacidades de las moléculas enzimáticas, Alcanzaríamos a sintetizar una célula ?
Creo que con poder manipular células mediante enzimas y otros procesos similares es suficiente. Pensar en la sintesis de células me asusta mucho. Ello debe limitarse a las facultades divinas.