Después que Pierre Simón Laplace logró sus mejores acercamientos teóricos al cálculo de
las probabilidades, no obstante haber llegado tan lejos como nadie hasta ese
momento, concluyó convencido de que el cálculo de probabilidades perderían su
utilidad cuando la ciencia alcanzara a corregir el curso de los cálculos,
llevándolos hacia el carril de la exactitud posible. Laplace llegó a convencerse
de que el dominio del conocimiento de las variables que intervienen en
determinados sucesos, habrían de llevar a las ciencias a determinar con
precisión matemática los valores de las posiciones de cualquier número de
partículas u objetos lanzados y luego mezclados de modo casual, no importa cual
fuera su tamaño, número y circunstancia. Cien años después, Werner Karl
Heisenberg terminó atrapado entre las matemáticas de la mecánica de Newton y la
imposibilidad de poder fijar mediante una ecuación los valores del momento
lineal atribuíble a una partícula electrónica y su posición en instantánea.
Heisenberg desarrolló un modelo matemático que estableció un campo volumétrico
de posibilidades aplicables a la posición probable de la particula, siendo que
tal artificio lo llevó a dar respuestas satisfactorias a varias de las
incertidumbres que en ese momento develaban a todos los estudiosos de la física
en cualquier parte del mundo. Heisenberg asumió esa incertidumbre como un hecho
natural, como una ley o principio inescrutable. Tomaba posición de torre
científica el Principio de Incertidumbre, hoy conocido como de Heisemberg, y
tras el mismo se establecia la Mecánica Estadística o Mecánica Cuántica, en la
que se soportan aún muchos de los efectos electrónicos conocidos aún hoy en
día. Del mismo modo, se agudizaba la controversia milenaria sobre el
determinismo y el indeterminismo. Participaron en estos contradichos, todos los
científicos de final del siglo XIX y de principio del Siglo XX. Se enfrentaron
las posiciones y contra-posiciones de Einstein y otros que nunca aceptaron la
incertidumbre como una construcción científica, sino como una limitación del
conocimiento del momento. Erwin Rudolf Josef Alexander Schrödinger, trbajaba
desde Austria y avanzaba en una construcción teórica semejante a la de
Heisenberg, sinembargo, Schrodinger siguió una línea de soluciones matemáticas
mucho más sencilla y elegante que lo llevaron a desarrollar un modelo basado en
espacios de probabilidades teóricas denominados funciones de ondas, en los que
la discontinuidad de los cuantum de la mecánica cuántica podían acomodarse como
ondas en vez de partículas. Esta doble condición de la naturaleza que vino a
dársele entonces al electrón, no ha desaparecido, -ni parece amenazada aun-,
dado que muchas soluciones responden a sus aplicaciones, unas veces de un modo
y otras del otro modo. Esta doble naturaleza invocada todavía como una realidad
de las propiedades del electrón, pasan, sinembargo, formar parte de la muy
lejana contradicción sobre determinismo e indeterminismo. Si los principios de
la mecánica estadística se convierten en leyes físicas, entonces estamos
obligados a asumir que la precisión cientifica está limitada al capricho de las
estadísticas cuánticas, al azar Divino. Schrodinger, filósofo dedicado que no
sólo se inscribiría en la nómina de las ciencias fácticas, solía darle algunas
vueltas a sus discursos sin querer comprometer la absolutez de sus posiciones
sobre determinismo e indeterminismo. Puede afirmarse que Schrodinger, no
obstante su excepcional inteligencia, terminó atrapado, como tal vez la mayoria
de los más profundos pensadores de la humanidad, entre la verdad de
Omnisapiencia Divina, determinista por principio, y el indeterminismo cuántico.
Lo Cierto es, no obstante, que tanto Laplace como Heisenberg y Schrodinger,
cumplieron y llenaron huecos imborrables
del conocimiento humano.
las probabilidades, no obstante haber llegado tan lejos como nadie hasta ese
momento, concluyó convencido de que el cálculo de probabilidades perderían su
utilidad cuando la ciencia alcanzara a corregir el curso de los cálculos,
llevándolos hacia el carril de la exactitud posible. Laplace llegó a convencerse
de que el dominio del conocimiento de las variables que intervienen en
determinados sucesos, habrían de llevar a las ciencias a determinar con
precisión matemática los valores de las posiciones de cualquier número de
partículas u objetos lanzados y luego mezclados de modo casual, no importa cual
fuera su tamaño, número y circunstancia. Cien años después, Werner Karl
Heisenberg terminó atrapado entre las matemáticas de la mecánica de Newton y la
imposibilidad de poder fijar mediante una ecuación los valores del momento
lineal atribuíble a una partícula electrónica y su posición en instantánea.
Heisenberg desarrolló un modelo matemático que estableció un campo volumétrico
de posibilidades aplicables a la posición probable de la particula, siendo que
tal artificio lo llevó a dar respuestas satisfactorias a varias de las
incertidumbres que en ese momento develaban a todos los estudiosos de la física
en cualquier parte del mundo. Heisenberg asumió esa incertidumbre como un hecho
natural, como una ley o principio inescrutable. Tomaba posición de torre
científica el Principio de Incertidumbre, hoy conocido como de Heisemberg, y
tras el mismo se establecia la Mecánica Estadística o Mecánica Cuántica, en la
que se soportan aún muchos de los efectos electrónicos conocidos aún hoy en
día. Del mismo modo, se agudizaba la controversia milenaria sobre el
determinismo y el indeterminismo. Participaron en estos contradichos, todos los
científicos de final del siglo XIX y de principio del Siglo XX. Se enfrentaron
las posiciones y contra-posiciones de Einstein y otros que nunca aceptaron la
incertidumbre como una construcción científica, sino como una limitación del
conocimiento del momento. Erwin Rudolf Josef Alexander Schrödinger, trbajaba
desde Austria y avanzaba en una construcción teórica semejante a la de
Heisenberg, sinembargo, Schrodinger siguió una línea de soluciones matemáticas
mucho más sencilla y elegante que lo llevaron a desarrollar un modelo basado en
espacios de probabilidades teóricas denominados funciones de ondas, en los que
la discontinuidad de los cuantum de la mecánica cuántica podían acomodarse como
ondas en vez de partículas. Esta doble condición de la naturaleza que vino a
dársele entonces al electrón, no ha desaparecido, -ni parece amenazada aun-,
dado que muchas soluciones responden a sus aplicaciones, unas veces de un modo
y otras del otro modo. Esta doble naturaleza invocada todavía como una realidad
de las propiedades del electrón, pasan, sinembargo, formar parte de la muy
lejana contradicción sobre determinismo e indeterminismo. Si los principios de
la mecánica estadística se convierten en leyes físicas, entonces estamos
obligados a asumir que la precisión cientifica está limitada al capricho de las
estadísticas cuánticas, al azar Divino. Schrodinger, filósofo dedicado que no
sólo se inscribiría en la nómina de las ciencias fácticas, solía darle algunas
vueltas a sus discursos sin querer comprometer la absolutez de sus posiciones
sobre determinismo e indeterminismo. Puede afirmarse que Schrodinger, no
obstante su excepcional inteligencia, terminó atrapado, como tal vez la mayoria
de los más profundos pensadores de la humanidad, entre la verdad de
Omnisapiencia Divina, determinista por principio, y el indeterminismo cuántico.
Lo Cierto es, no obstante, que tanto Laplace como Heisenberg y Schrodinger,
cumplieron y llenaron huecos imborrables
del conocimiento humano.
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